jueves, 4 de abril de 2013

Prodefensa Aunque usted no lo Crea



Prodefensa No mas frases sin Sentido

Agresión contra la mujer


El papel de la mujer siempre ha sido relegado a un plano de subordinación de la figura masculina. Muchos hombres aun consideran que la mujer con quien comparten su vida es parte de su propiedad y no le dan a ella el valor que tiene como persona, sino que la convierten en uno de sus objetos.
Por eso creemos que la mujer debe dejar atrás el pensamiento antiguo de que debe ser sumisa hacia el hombre, y creer que hay cosas que son sólo para hombres. No es ninguna super-mujer la que decida aprender a manipular correctamente un arma, arma que eventualmente nos sirva para defendernos ante un agresor. Esto está al alcance de cualquier mujer para poder repeler un ataque y no convertirnos en un número más dentro de un informe judicial de años siguientes. Pero no solo a la mujer se la ha ordenado sumisión en nuestra sociedad actual. El gobierno le ha venido diciendo al pueblo que ante un ataque debemos dejar que nos quiten nuestras pertenencias sin oponer resistencia y que también nos dejemos violar porque esto “podría salvar nuestra vida”.
Sin embargo esto tampoco ha dado resultados, pues si uno se somete ante el agresor, este agarra confianza para seguir cometiendo sus actos con más violencia cada vez. Los criminales violentos se han convertido en el agresor doméstico de nuestra sociedad, sociedad que se ha convertido en una mujer sumisa que se deja agredir y matar sin defenderse. El problema no son las armas de fuego. Inculcar políticas prohibitivas con respecto a las armas de fuego no dará el resultado que los políticos esperan, sino todo lo contrario. Ocasionará que los criminales violentos actúen cada día con más violencia contra sus víctimas sin importarles las consecuencias de sus actos, ya que sienten que ahora tienen el respaldo del Estado, que nos dice que debemos ser sumisos ante ellos; igual que antes se les decía a las mujeres que se dejaran agredir. Así como se hace indispensable que la mujer defienda su igualdad ante los hombres, asimismo se hace indispensable que el pueblo defienda sus derechos ante el ataque de los delincuentes; que estos no se apropien de los Derechos Humanos y nos dejen a los ciudadanos responsables como víctimas de agresiones y sin derecho de defendernos. Se ha dicho que la violencia no se combate con violencia, pero muchas veces la violencia legítima es el único medio para detener el abuso. No se debe utilizar la frase cliché de que “la violencia genera más violencia” debido a que las personas que defienden sus derechos no están incurriendo en la violencia, sino en la legítima defensa, en los casos en que es imposible para el Estado garantizar la seguridad personal. Nuestro país debe librarse del yugo opresor de los criminales y delincuentes, no darles más poder para que sigan abusando de nosotros.
Por Licda. Isaura Vega Salas,

jueves, 21 de marzo de 2013

Armas, Vida y Libertad


Armas, Vida y Libertad

La Constitución de 1949 es, ante todo, liberal.
Ella reconoció todas las libertades y derechos fundamentales individualizados conceptualmente hasta aquella época, tales como la propiedad privada, la libertad de iniciativa, la libertad de comercio, entre otras.
De ahí que el artículo 46 constitucional tolera los monopolios únicamente por vía de excepción. En cuanto al derecho a la vida, éste se consagró en términos absolutos, ya que de no haber sido así, otra sería la redacción del artículo 21 constitucional, que dice llanamente que la vida humana es inviolable, sin reservas de ninguna especie.
Ahora bien, en cuanto al derecho a la legítima defensa, la doctrina es pacífica en cuanto a que se trata de un sucedáneo del derecho a la vida. En otras palabras, dice que del derecho a la vida se desprende el de defender la nuestra y hasta la de los demás, legitimando, como lo hace la ley costarricense, el derecho de cualquier persona a repeler las agresiones ilegítimas con lo que tenga a mano, en las circunstancias señaladas por la legislación, lo que ha sido prolijamente desarrollada por nuestros tribunales.
Me parece que lo menos importante es debatir sobre si poseer y portar armas de fuego constituya o no un derecho fundamental, sino comprender que el ciudadano sí tiene el derecho a defender su vida y que, para ejercer ese derecho fundamental, en su dimensión práctica, las personas muchas veces compran, registran y hasta portan armas de fuego.
El artículo 2 de la Ley de Armas y Explosivos se somete a esta realidad, pues por un lado reconoce el derecho a adquirir y portar armas y por otro, establece el marco normativo necesario para “reglar” su ejercicio.
Esto nos permite comprender la naturaleza jurídica de la relación entre la Administración y la persona que adquiere y porta armas. Nuestra Constitución nada dice al respecto.
Proscribió el ejército, pero no el derecho de cualquier persona honrada para comprar y portar armas de fuego; de ahí que el legislador carece de fundamento para desconocerlo. Su deber es reglar esta facultad responsablemente y por tal motivo no debería incurrir en el error de desnaturalizarla, convirtiéndola en una especie de concesión apelando al silencio constitucional, porque en materia de libertades, es la Ley Fundamental la que pone los límites; solamente así se pueden establecer limitaciones por ley ordinaria.
En una democracia republicana y liberal como la nuestra, a los hombres honrados se les debe reconocer su sagrado derecho a defender su vida; los delincuentes nos atacan con armas y solamente con ellas podemos defendernos.
En un Estado respetuoso de la Libertad se entiende que aunque comprar y portar armas no sea un derecho fundamental, hacerlo supone ejercitar materialmente el derecho a la legítima defensa, que sí es de rango constitucional.
Nunca aceptaré que la posibilidad de adquirir una o varias armas para defenderme dependa de algo tan arbitrario como lo es una concesión, el acto discrecional –o sea arbitrario, por excelencia.
Yo no quiero darle gracias al Estado porque “me deja” comprar o portar un arma, a sabiendas de que me puede quitar ese derecho cuando le dé la gana, sin necesidad de justificarse….
Sería como cambiar la Libertad por miedo. Y con la libertad no se juega.
Dr. Mario Avilés Sasso